CRÍTICA: 'UN DIOS SALVAJE'


El teatro y el cine deberían partir de la misma máxima: la historia y los actores.
Yasmina Reza es una autora teatral muy interesante. Ya había asistido a una adaptación de su obra Arte, de modo que cuando se anunció que el mismísimo Polanski llevaría al cine otra de sus obras, todos los presagios eran buenos. Cuando se confirmó el reparto, las espectativas alcanzaron cotas sin límite dado el buen estado artístico del director polaco (ahí está la excepcional El escritor para confirmarlo).
     Un dios salvaje. Carnage. Dos matrimonios se han reunido para solucionar de forma amistosa una pelea entre sus hijos. La tensión puede crecer a medida que transcurre la reunión, el hombre es un lobo para el hombre y esas premisas filosóficas y tal.
Uno puede esperar, como es el caso, un drama de actores gritándose e insultándose, golpeándose entre sí, fuera de sus casillas. Pues no, porque eso sería lo fácil.
Antes de seguir, tres consideraciones. El guión fue adaptado por Polanski y la propia Reza: sólo se modificó el comienzo y el desenlace, no sé si sustancialmente, aunque pretendía ser lo más fiel a la obra original. Dos, esta escritura la llevaron a cabo mientras el director se encontraba bajo arresto domiciliario. Último, los cuatro intérpretes tuvieron que aprender el texto de forma íntegra, como si lo fueran a representar en un escenario ante un público en directo. Teatro hecho cine.
     Kate Winslet y Christopher Waltz dan vida a un matrimonio, padres de un niño que ha agredido a otro, el hijo de Jodie Foster y John C. Reilly. Se encuentran los cuatro en casa de estos últimos cerrando el informe donde dan parte de lo ocurrido. La película comienza cuando parece que va a terminar la reunión. Toda la película es una sucesión de situaciones que podrían haber derivado en lo fácil, pero el texto de Reza sortea este camino y traza un recorrido más amargo.
     Naturalmente, las parejas se enfrentarán entre sí, y también podía quedar ahí. Pronto comienzan a relucir sus miserias humanas y sus diferencias, las grietas dentro de cada matrimonio, dentro de cada vida insatisfecha. Y podría quedar ahí, insisto. Un drama intimista donde los personajes se desnudan y al final descubren lo infelices que son. Pues no. La película es divertidísima, pero no es una comedia. Es amarga y cruel, y realista, y duele. Pero es rematadamente divertida. Cada nueva honestidad, cada comentario cargado de mala baba es bienvenido, cada reflexión en voz alta, cada metedura de pata (in)voluntaria. Todo esto se debe a una escritura afiladísima y muy inteligente, a una obra consistente y fluida, pero ante todo muy difícil. Es difícil derivar cada situación de forma que los recursos no parezcan forzados. Es un texto muy inteligente.
Por su parte, los actores. Ellos están inmensos, tanto Waltz como Reilly, en sus roles de maridos y padres con todas las aristas que ello implica: agresividad y camaradería, machismo, complicidad... Y sus partenaires, dos actrices inabarcables, lo mejor que ha dado el cine: Foster y Winslet no tienen nada que demostrar a estas alturas, y aunque pasan de forma relativamente discreta a lo largo de la película, en el último tercio ambas se crecen y se llevan la cinta con ellas. Jodie Foster compone a un personaje especialmente difícil por sus contradicciones y su perversidad latente. Cuando Winslet estalla, barre con todo. Cuatro estrellas en estado de gracia.
Y el director, Polanski, no tiene mucho margen. Toda la película tiene lugar dentro de un piso, casi todo en el salón, de modo que el juego disponible para el director es bastante reducido. No obstante, como principal artífice de la propuesta, obtiene lo mejor de los actores y de la puesta en escena, experto como es en escenarios cerrados (El quimérico inquilino, Rosemary's Baby). Tal vez la propuesta no acabe de brillar como su anterior trabajo debido a las limitaciones del corsé teatral, pero, en definitiva, se trata de eso.
Polanski vuelve a demostrar que es uno de los grandes directores al asumir una propuesta tan limitada como la que nos ocupa, y logra un resultado excepcional y una película que, si bien no es sobresaliente, se trata de un proyecto más que notable. Cine hecho teatro, guión y actores.

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