CRÍTICA: 'MOONRISE KINGDOM'


Quedan pocos autores tan identificables como Wes Anderson en el panorama cinematográfico contemporáneo. Además, es coherente con la trayectoria que ha seguido hasta la fecha y Moonrise Kingdom, su última aportación, es buena muestra de ello.

En esta película, la estética se pone al servicio de la historia. Todo es vintage, de otra época, de otro mundo atrapado en la Nueva Inglaterra de los años sesenta. En concreto, en una isla, porque el carácter utópico del escenario se desprende en parte del carácter insular de éste. Los personajes que habitan la isla y sus normas internas sólo pueden sobrevivir dentro de los márgenes de la isla, con su escarpado paisaje y extraña galería de seres que, de otro modo, no darían lugar a las situaciones absurdas que tienen lugar.

Todo comienza cuando un pequeño scout desaparece de su campamento por la noche. Al mismo tiempo, una niña desaparece de casa y sus padres temen lo peor: un secuestro, un accidente, una muerte. Sólo tienen doce años, por Dios.

Los hombres somos egoístas y pretendemos privar a los niños del derecho a amar. Sam y Suzy se conocieron un día casi por casualidad, y se prometieron escribirse. Los niños cumplen sus promesas. Tras meses de correspondencia, confidencias y secretos, deciden huir juntos de casa y embarcarse en la aventura de sus vidas. Es probablemente esta parte de la película, la huida de los niños y su autodescubrimiento y exploración de la vida la parte fuerte de la película. Por la ternura que destila, por ellos, por lo que aprenden, porque como espectadores responsables desearíamos más que nada que se salieran con la suya y nadie diera con ellos en el corazón de la isla. Pero claro, eso sería lo fácil, y toda la isla se encuentra tras ellos: familiares, autoridades y compañeros se despliegan por toda la isla. Después, los separan. Esto no puede acabar bien.

Como es habitual en Anderson, los personajes no responden a los cánones habituales, y se mueven entre lo patético y lo excéntrico. Para componer el reparto coral, el director tira de nómina de amigos y trabaja con Bruce Willis, Edward Norton, Frances McDormand, Bill Murray, Tilda Swinton, Jason Schwartman y Harvey Keitel, además de los dos niños y descubrimientos Jared Gilman y Kara Hayward. Como es natural, destacan aquellos con un papel más pasado de rosca, como es el caso de Norton, o Schwartman, si bien el conjunto de la isla posee carisma de sobra.

El extrañamiento está presente también en las situaciones que viven los personajes, en una espiral de menos a más que deriva en un clímax desatado. El equilibrio entre la ternura de la pareja infantil y lo surrealista del entorno otorgan a la película esa categoría de rara avis que tanto gusta a los seguidores de Wes Anderson, todo esto reforzado por la música y fuerza visual de las imágenes.

Todo esto podría dar pie a una buena película, divertida a ratos, exagerada a otros, tierna en su fondo, y es en el último plano que Moonrise Kingdom alcanza la categoría de excelente película. Y eso no es decir poco, que a veces no está de más comprobar que los autores siguen en la mejor forma. Y ojito a Kara Hayward: esa mirada dará mucho que hablar.

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