'La Zona Muerta' (1983)

Me entristece y a la vez me llena de impotencia recomendar una novela de Stephen King y que la respuesta inmediata de muchos sea 'no me gustan sus películas'.
En la mente de la mayoría de los desconocedores de su obra, Stephen King no es más que un demiurgo de lo insano que alimenta su espíritu de terror y sangre con trasfondo sobrenatural. La realidad es que gran parte de los guionistas y directores encargados de sus adaptaciones no han sabido captar la esencia de su prosa, un hombre que ha escrito como nadie la agonía de una sociedad en decadencia y su cruel destino.
Y así podría resumir la relación de King con el cine: entre adaptaciones que no son más que pinceladas de la verdadera profundidad de las novelas (‘Christine’, ‘Dreamcatcher’, ‘Desesperación’, ‘Salem´s Lot’… etc), o portentosos y maravillosos dramas como ‘La Milla Verde’, el caso de ‘Cadena Perpetua’ o ‘La Niebla’, la mítica ‘El Resplandor’ de Kubrick, o esa puerta al infierno interior llamada ‘1408’ o ‘Carrie’ –grandioso tándem De Palma-Sissy Spacek-.
Con ‘La Zona Muerta’ David Cronenberg se quedó a medio camino entre lo mediocre y lo bueno, con alguna que otra escena escalofriante gracias a su siempre inteligente dirección llena de poder, pero lejos de lo que pudo ser la obra maestra que King ofrece en sus páginas, lastrada por un escuetísimo guión.
CRONENBERG Y KING: DOS MENTES EN COMUNION
Existe tanto un King transgresor del género (‘It’), como pasional mostrando el desconsuelo humano oprimido por el pasado (‘Un Saco de Huesos’). A Cronenberg le pasa más o menos lo mismo: su mente deambula por la fascinación de la belleza grotesca, con una carrera cinematográfica muy personal llena de situaciones intolerables para muchos espectadores (‘Vinieron de Dentro de…’). Pero también coexiste un Cronenberg íntimo y casi melodramático, que juega con el sentimiento trágico de la vida y con ese fascinante choque entre fe y ciencia, pasado y futuro unidos por el destino, nexo de unión con el escritor de ‘Carrie’.
Cuando Cronenberg lleva su particular tour de force de provocación y perversión a su máxima expresión en ‘Videodrome’, el alzamiento en rebeldía de muchas organizaciones hipócritas proclamaba el boicot del film, que terminó siendo un fracaso de taquilla y público casi obligado a pesar de ser una de las más fascinantes historias del director, considerada hoy como ‘La Naranja Mecánica de los 80’.
Este fracaso llevó a Cronenberg a indagar en nuevos temas, así que acepta dirigir ‘La Zona Muerta’.
UNA ADAPTACIÓN LIGHT
El problema de fondo de ‘La Zona Muerta’ como película es que Cronenberg rechazara el guión propuesto por King, en favor de un libreto insustancial en su mayor medida, carente de la opresión psicológica de la novela que merma tanto el corazón de los personajes como del lector.
Por el contrario, Cronenberg demuestra en ella que su cine también se amolda a personas cotidianas y más verosímiles que en sus películas anteriores, partiendo de un material que igualmente lleva a sus personajes a uno de sus recursos temáticos favoritos: la moralidad y las consecuencias de una realidad completamente dicotómica en la búsqueda de las metas: tener coraje para hacer lo correcto o ir por el camino de la extorsión, provocar violencia o sufrirla en tus propias carnes.
Pero los cimientos de ‘La Zona Muerta’ se desarrollan demasiado rápido, sin concesión a la empatía: las cosas pasan por que sí y no se explican lo suficiente, pues el guión es incompleto a la hora de dilucidar los hechos.
‘DIOS TIENE PLANES PARA TI JOHNNY’
La historia sigue a Johnny Smith (Christopher Walken), profesor de instituto cuya vida se ve trágicamente truncada tras sufrir un gravísimo accidente de coche, que le lleva al coma durante cinco años. Al despertar todo ha cambiado, y parece poseer un poder psíquico que le permite ver el futuro.
La cinta nos adentra con rapidez en la historia, contextualizándonos desde el principio y, al contrario que en la novela, en la madurez del personaje. Esto implica eludir el primer accidente de Johnny en la nieve a temprana edad y su primera premonición, así como el contacto inicial con el personaje de Greg Stillson, antagonista por excelencia que ya desde joven imploraba por costumbre un comportamiento amoral en el que reincidiría con el tiempo hasta su clímax, en un acto de caprichosa arbitrariedad.
Conocemos a su novia Sarah, también profesora, mientras vemos cómo disfrutan de una relación amorosa a punto de truncarse. Con dos escasas escenas juntos, Johnny promete a Sarah para esa tarde una jornada en la feria.
Y en ese momento comienzan los grandes tijeretazos.
¿Dónde está la escena de la ruleta del casino ambulante, o del piso con la máscara? Es precisamente en ese momento donde Sarah comenzaría a ver algo raro en Johnny, algo que cree temer pero que no puede comprender y que no vemos en la película.
Las profundas lagunas en el guión siguen y desechamos un mínimo de desarrollo de estos dos personajes anulando casi por completo cualquier empatía, que en la película solucionan con un beso que parece anunciar un final, un toque dramático completamente gratuíto.
Tras ese beso todo cambia: el accidente de coche de Johnny, cinco años en coma y el mundo ya no es el mismo no sólo para él, sino para la gente que le rodea, que ve cómo el dolor hace que su universo se desmorone.
Desde el momento en que Johnny despierta del coma –en la película, de una escena a otra- su entorno ha dado un giro, pero para él es el día siguiente al accidente: ama a Sarah, quiere a sus padres y sigue dando clases en el instituto. Pero la realidad siempre es mucho más dura: la mujer que aun ama ha rehecho su vida con otro hombre y tiene un hijo, su madre ha llevado su fe al paroxismo más descabellado y su padre se ve completamente desbordado, perdido entre el amor por su mujer y la locura de soportar todas sus ideas paranoicas sobre el fin del mundo y el supuesto don que Dios ha entregado a Johnny.
No entiendo cómo la relación de apoyo emocional que Sarah mantiene con los padres de Johnny mientras éste está en coma, o la obsesión de su madre por la religión han sido eliminados del guión -sobre todo esto último-, pues no sólo son dos pilares argumentales básicos de la novela que dan poder dramático al conjunto, sino un reflejo de la capacidad que tenemos los hombres de caer rendidos ante cualquier atisbo de salvación milagrosa, de nuestra sumisión a las panaceas que muchos enmascarados nos quieren vender y del poder malsano que ejercen algunas personas sobre los que se encuentran perdidos en una continua debacle emocional, buscando a cualquier precio una luz que los guíe.
De golpe y porrazo Johnny sale del coma y puede incorporarse perfectamente a pesar de no tener movilidad en las piernas tras cinco años recostado; la carga emocional de la recuperación física, dolorosa para el personaje y que le hace llorar de dolor por las noches y enfadarse consigo mismo se esfuma, y con una muleta ‘suponemos’ que se está recuperando.
Visto esto, entramos de lleno en el aspecto sobrenatural del film: tras despertar del coma Johnny parece poder predecir el futuro con el simple contacto humano. Así lo demuestra en un par de escenas demasiado consecutivas: la del médico Weizak, la de la enfermera a la que se le quema la casa y la de la cirugía ocular que ‘saldrá bien’. Todo ello declina en una rueda de prensa en el hospital cuando las premoniciones salen a la luz pública y los medios quieren saber más. ‘Demuéstrelo’, le dice un redactor a Johnny, y éste le da lo que le pide, aunque el resultado dista mucho de gustar al periodista, que monta en cólera desvirtuando la figura de Johnny.
Los hechos salen por televisión y la madre de Johnny sufre un infarto al verlo, es ingresada en el hospital y muere apresuradamente en la escena siguiente. Su impresionante papel en la novela, así como la comprensión y reinterpretación teológica del ‘don’ de Johnny es obviado por completo por el guionista, incluyendo la frase ‘Dios tiene para ti un plan, Johnny’, que se sustituye por una mirada en el lecho de muerte que no dice absolutamente nada.
Es lógico eliminar subtramas que no aporten temática o agilidad a la trama principal, pero éste tipo de cosas es intolerable.
Y es que el guión de Jeffrey Boam reduce la historia a una línea argumental tan simple que se sustenta sólo por el talento como director de Cronenberg y la actuación de Walken: elimina de la trama el desarrollo del villano principal reduciéndola a detalles en el último tercio que se me antojan anodinos: ¿dónde está Greg Stillson, interpretado por Martin Sheen, mientras Johnny lidia con su autocompasión y se debate en una espiral de confabulaciones y mentiras mediáticas contra él –que por cierto tampoco están en la película- y que le consumen por dentro y por fuera? La ascensión social de Stillson desde que vende biblias hasta que es casi congresista se desvanece, pero nos tenemos que creer su maldad por tres escenas sobreactuadas del actor, quien proclama el nacimiento de una nueva América mientras por detrás vemos simples anécdotas de su verdadero lado oscuro: la coacción a un periodista que se atreve a hablar mal de él.
Y punto.
Mientras tanto y con la muerte de su madre, Johnny se muda con su padre, alejado del mundo que le oprime pero recibiendo cartas de personas interrogándole sobre su futuro o por seres queridos perdidos. Recibe además una propuesta millonaria de trabajo por parte de Inside View, una revista que leía su madre y que, en palabras indirectas de su director, no es más que un conjunto de embaucadores. Esto cabrea tanto a Johnny, quien recuerda cómo su madre creía con fervor esas páginas, que lo echa casi a patadas. El hombre jura venganza por el trato y así lo hace, publicando días después que ‘Johnny Smith es un fraude’. En principio cree que le dará un poco de tranquilidad mediática, pero su creencia se ve destrozada al recibir la visita del sheriff de Castle Rock para que le ayude con unos horribles asesinatos de adolescentes.
Es en este momento cuando la película vuelve a errar en su planteamiento: si no creen que sea importante ver la evolución del personaje de Greg Stillson antes comentada, ¿por qué desarrollar más allá de la anécdota la inteligente investigación criminal de dichos asesinatos que Johnny desenmascara sorprendentemente, culminando gracias Cronenberg, en una escena escalofriante en un baño? Esta subtrama de la novela, que en la misma reformula el concepto de educación de los hijos y del peso de los traumas del pasado en el desarrollo futuro del comportamiento errático del individuo, es casi boicoteada por el guión de Boam y reducida a una escena única, una visión apresurada en la nieve. Eso sí, sobrecogedora gracias al poder visual y opresivo de Cronenberg, además de la hipnótica actuación de Christopher Walken.
Entre las palabras de fraude del Inside View, la resolución del caso de Castle Rock y otras serie de acontecimientos, Johnny pierde su trabajo como profesor que mantenía para cuando estuviera completamente recuperado, por lo que, y dados los acontecimientos, se empieza a plantear si lo suyo es un don o una maldición, pero encuentra trabajo como tutor de un chico al que le cuesta entender lo que lee, indirectamente influenciado por el éxito de su padre en los negocios –no porque sea una especie de déspota, como se da a entender en la película, en la que por cierto pasamos de resolver el asesinato, a ver a Johnny con un chico que lee un libro.
¿Quién es, y por qué sale ahora?- y con el que entabla una relación prácticamente de padre e hijo.
En este contexto Johnny conoce a un misterioso personaje importante también obviado en la película, el jardinero de la rica familia del chico llamado Ngo, que le habla de Stillson y de ‘el tigre que rie’, una pasmosa metáfora equiparable a ‘El Hijo del Hombre’ de Rene Magritte: todo lo que vemos esconde algo más.
En estos capítulos finales no incluidos en la cinta entendemos esa metáfora y el por qué de la decisión de Johnny de querer acabar con Greg Stillson, un hombre que cada vez tiene más engatusada a la gente; del deterioro de salud de Johnny imperceptible en imágenes y que le hace comprender que tiene que tomar una decisión cuanto antes: tiene que desenmascarar a un hombre con el que ha tenido contacto en un mitin que le ha permitido ver su subconsciente lleno de maldad, y que finalmente llevaría a la humanidad a un holocausto nuclear si su imparable ascensión política le lleva a la Casa Blanca.
Y aquí planteamos de nuevo la doble moralidad -tanto de King como de Cronenberg- que supone terminar con una vida en aras de salvar a la mayoría, cuando sólo tu conoces la verdad mientras el resto del mundo no te cree.
LA ZONA MUERTA
Aunque no se sabe casi hasta el final, esa zona muerta que no deja ver por completo las visiones es en realidad un tumor maligno. Johnny sabe que le queda muy poco tiempo de vida, así que decide que lo mejor es acabar con Stillson cuanto antes en el mitin que da en su ciudad. Se arma con un rifle y espera su momento para disparar durante el discurso pero falla, y es atravesado por las balas de los guardaespaldas mientras Stillson coge a un niño del público para protegerse de los disparos, siendo fotografiado por un reportero.
El mal ha caído por su propio peso, y cuando Stillson se acerca a un Johnny moribundo para preguntarle por qué lo quiere matar, éste ya no vislumbra el mal en él, pues su carrera como político y villano termina en el momento que alza al niño y muestra su verdadera naturaleza, un hecho intolerable que desemboca en el posterior suicidio del personaje cuando la foto sale en todas las portadas.
Los últimos cambios, esta vez innecesarios, son la aparición de Sarah en el mitin apoyando a Stillson y que el niño que éste alza sea su hijo, así como ese final con toque dramático que suaviza la crueldad del destino de Johnny en la novela: salvar el mundo y morir solo.
En definitiva, ‘La Zona Muerta’ es un film demasiado libiano dirigido con personalidad por un Cronenberg siempre excelente en muchas escenas, pero que peca en conjunto por ser una adaptación telegráfica, desnuda de emoción que no ahonda en el drama de sus personajes, donde las pretensiones del material superan con creces el resultado, y con un guión escueto que reduce el continuo crescendo desolador de la novela en beneficio de una trama sobrenatural como único recurso temático, obviando toda la cultura social americana de la época que King analiza, critica y pone sobre la mesa de forma desgarradora.
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Buenisimo Post, vi esta pelicula al ver en tu filmaffinity que la habias visto hace poco, un poco floja, fallando en casi todo lo que dices, aunque no he leido su novela. Christopher Walken, el hombre mas infravalorado de la historia...
ResponderEliminarMuchas gracias Mister Spiegel; usted sabe que no soy de esos que quieren adaptaciones calcadas en forma de película, pero lo de La Zona Muerta es realmente sangrante.
ResponderEliminarPara los que no han leído la novela en film puede ser simplemente correcto, ni bueno ni malo, pero para mí es un completo insulto al fan de King, al mismo escritor y a los personajes de la novela, y lo peor de todo es la impresión que el público se lleva del escritor.
Salvo contadas excepciones, King tiene que ser leído, no visto. Los matices de las novelas y el tratamiento de los temas casi nunca es completo en las adaptaciones de sus libros -menos algunas claro, ya citadas en el artículo-.
Y desde aquí te recomiendo La Zona Muerta aunque hayas visto la película; total no tiene nada que ver xD
Estupendo post, Donnie ! Leyéndote parece claro que Cronenberg decidió decantarse hacia algo más comercial, después de fracasos (no artísticos) como 'Videodrome'. Seguir una línea argumental más simple y ajustarse a un metraje convencional. Porque igual para adaptar bien la novela de Stephen King se hubiera necesitado dos horas y media o bastante más (por ejemplo, hay bastantes personajes secundarios que requerían de su desarrollo).
ResponderEliminarAún así, no he leído la novela original, pero la película de Cronenberg me pareció más que aceptable, teniendo en cuenta las circunstancias, que no es fácil conseguir una buena película fantástica y con ciertos matices y reflexiones, y que a la fuera fácilmente "vendible" a los espectadores.
Pero entiendo que se quedaron muchas cosas en el tintero, se resumió la mayoría de veces por la vía rápida y que se procuró adornarlo con alguna que otra concesión comercial, menos dura. Eso sí, Christopher Walken, magnífico.
Un saludo.