Mamá cumple cien años


VUELVEN A ACECHAR LOS LOBOS

Saura es uno de los directores más desconocidos y menos reconocidos de nuestro país. Eso, de entrada. Si bien es cierto que con los años ha perdido la frescura, esa cierta ingenuidad narrativa, el arrojo al plantear elementos, dejó tantas perlas dispersas a lo largo de su cinematografía como para montar un buen puñado de collares.

'Mamá cumple cien años' es muy especial en muchos sentidos. Podría entenderse como una continuación de la inquietante Ana y los lobos, un homenaje debido a la actriz Rafaela Aparicio y un ejercicio de combinación de géneros indispensable: drama, comedia, elementos sobrenaturales…

La historia es simple, aunque llena de recovecos. La matriarca de una familia cumple cien años y todos los hijos se reúnen en la casa familiar para celebrarlo. De este modo, volverán a surgir viejas rencillas, el recuerdo de los que faltan, la añoranza, la melancolía y el futuro que se abre por delante. Eso, entre otras cosas.

Saura nunca ha sido demasiado sutil con su simbología y empleo de metáforas. Así, encontrábamos que esa maravilla que es Cría cuervos… (atentos al año: 1975) comenzaba con la muerte del militar. En Ana y los lobos, por su parte, los tres hermanos representaban al ejército, la Iglesia y el Estado, a cada cuál peor. En 'Mamá cumple cien años', el hermano militar murió hace unos años y la casa recibe el encuentro de invitados internacionales (una inglesa y un argentino), así como la llegada de la revolución sexual, encarnada —nunca mejor dicho— en la imponente Amparo Muñoz.

Pero en el centro de todo está mamá, Rafaela Aparicio, una de las tantas actrices curtidas en “españoladas” y comedias vacuas, a quien Saura le ofrece una ocasión maravillosa para redimirse con la historia del cine: su personaje, encarnado con una ternura y composición de personaje sobresalientes, destella entre los ofrecidos por Fernando Fernán Gómez o Geraldine Chaplin. Demuestra una vez más el director su falta de prejuicios al conformar sus repartos (inolvidable también otra de las grandes relegadas al cine de segunda, Florinda Chico, en Cría cuervos…) y su facilidad para analizar un país desde sus vicios más arraigados sin llegar al paroxismo de Almodóvar.

Es más reprochable todo lo concerniente a aspectos técnicos como fotografía, iluminación e incluso música. La belleza de las películas de Saura reside no tanto en el preciosismo de la cámara como en las atmósferas enfermas que crea. Y es una auténtica lástima, ya que si hubiera arriesgado en esta materia sus películas serían mucho más asequibles para gran parte del público. Aunque claro, a su manera lo de Saura es cine de autor: la manera de incluir elementos sobrenaturales, su fijación por los personajes femeninos como eje y motor de las películas, el presencia de la música en las vidas de sus personajes, las mil lecturas de todas sus historias…

Vean 'Mamá cumple cien años' solos, en familia, con los amigos, como entretenimiento, como objeto de estudio; véanla, insisto, pero presten atención a la poderosa imagen de Rafaela Aparicio descendiendo del cielo para pasar a la Historia.




.

Comentarios

Entradas populares