Sitges 09: 'Pandorum'



Largo tiempo esperando por esta película; la cantidad de artículos que hemos escrito sobre ella rozan el blockbuster veraniego.

Y por fin pudimos verla en el Festival de Sitges 09, con un resultado bastante por debajo de lo esperado.
Dennis Quaid, Ben Foster y Cam Gigandet interpretan a un grupo de astronautas que despiertan tras un letargo inducido en esta película dirigida por Christian Alvart, y que produce Paul W.S. Anderson. El caso es que más que producir parece que dirige, escribe y pone su propia marca en la película. Su cinta Horizonte Final -de la que aquí beben bastante- era tensa, interesante y hasta divertida (ese plano del astronauta cutrísimo gritando "!Allá voy hijo de puta! no tiene precio), con un delirio visual y un malo malísimo interpretado por el gran Sam Neil.

En Pandorum parece que el infierno espacial se vuelve a repetir, pero con otros propósitos y por otros derroteros que no desvelaré aquí.

El caso es que la película es fallida en mi opinión por una serie de cosas insalvables: no se puede dirigir un thriller sin creerse que lo es, y mucho menos un thriller de ciencia ficción, donde la tensión no puede ser dialogada a no ser que se haga bien, es decir, no podemos sentir la tensión sólo porque los protagonistas digan y se pregunten mil y una veces "¿Dónde estamos? ¿Quienes sómos? ¿Cómo salimos de aquí?", mientras recorren a ritmo de videoclip de Duft Punk los corredores de la nave Elíseo.

Lejos de la visceralidad de películas infravaloradas por algunos como puede ser la notable Sunshine de Danny Boyle, que da una vuelta de tuerca al género -y que no gustó a muchos por ser algo distinto-, es imposible tomarse en serio una cinta como Pandorum, donde ni sus actores se creen los personajes que interpretan, y están en escena porque alguien les ha mandado estar ahí sin aportar ni carisma ni nada de nada.
La historia está plagada de tópicos y de recursos del género que lejos de ser usados de forma original -como hizo Jaume Collet Serra con la sorprendente Orphan-, se usan como lo usaría un director de tres al cuarto, convirtiendo la película en un carrusel de situaciones predecibles, eso sí, con un ritmo endiablado.

¿Y los bichardos? ¿No podían haber sido un poco más originales como en District 9 y haber creado algo un poco más transgresor? Son una mezcla de los de The Descent pasando por a su vez la tez -y algo más- de Hellraiser y las Langostruosidades de La Torre Oscura de Stephen King.

En definitiva, una película excesiva hasta para alguien como Paul W.S. Anderson, porque lo niegue o no, aquí hay mucho de su cosecha.

Una pena, porque prometía bastante.

!Get the hell out of here!

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