Crítica: 'Los mercenarios'


Los mercenarios (The expendables) es lo que es. No se puede pedir peras al olmo. Y menos cuando su propio director, alguien como Sylvester Stallone (Sly para sus amigos) lo reconoce, diciendo que lo único que pretende con esta película es realizar un homenaje (o quizá recuperar, quién sabe) a aquellas películas de mamporros, artes marciales y explosiones por doquier que tanto se veían y que tanto éxito tuvieron allá por los años ochenta. También pretende hacer dinero, lógicamente (y visto el ranking de taquilla de las últimas semanas parece que lo está consiguiendo).

De aquellas películas Stallone es la viva imagen junto a otras glorias que ha reunido para el film, como Dolph Lundgren, Eric Roberts, Mickey Rourke, Arnold Schwarzenegger o Bruce Willis, y otras del cine de acción más reciente como Jet Li o Jason Statham. Evidentemente no están todas las grandes estrellas de aquella época dorada de este tipo de cine. Faltan en el plantel actores de la talla de, por ejemplo, Steven Seagal (aunque pronto le veremos en Machete de Robert Rodríguez), Jean Claude Van Damme o Michael Dudikoff (protagonista de El guerrero americano).

Por cierto, que dicen los rumores que cuando Stallone empezó a reunir a semejante grupo de mastodontes, cuando le tocó hablar con Van Damme, éste rechazó el papel alegando que ahora buscaba ir más allá en su carrera actoral, que pretendía realizar películas con más enjundia, en definitiva, que quería ser actor. Entonces Stallone le dijo algo así como “tío, vas a hacer mucho dinero con esta película sin ni siquiera hacerte falta leer el guión…”, pero ni con esas, el bueno de JCVD rechazó la oferta. Todo esto tras la sorpresa de la película JCVD (totalmente recomendable) en la que efectivamente a Van Damme se le ve en un registro diferente, pero… de momento creo que no le he visto en nada similar.


¿De qué va Los mercenarios? Mi pregunta es: ¿y qué más da? La historia de la película es un despropósito sin pies ni cabeza que no hay por dónde coger, en la que vemos a un grupo de mercenarios tremendamente profesionales y duros a los que contratan para cargarse a un dictador sudamericano que tiene aterrorizado un pueblo en el que también toma parte un grupo de americanos, muy malvados y sin escrúpulos, que realmente son los que manejan el cotarro para enriquecerse.

Sabiendo eso, no se quiere saber más: lo que se quiere ver es lo que se sabe que se va a ver, es decir peleas y muchas, muchas explosiones. Aunque hay que decir que no toda la película es así… no. También hay momentos para el recogimiento en el que se quiere dar a conocer a los personajes, qué es de su vida, porqué se dedican a lo que se dedican… Pero no nos engañemos, está claro que Stallone no prestó atención a esos momentos y acaban siendo tremendamente aburridos. Que sí, que se ha ido a ver una película de peleas y explosiones, y no algo con profundidad psicológica (aunque destacable es uno de los momentos de lucimiento de guión de Mickey Rourke).


La forma de rodar de Stallone, tanto en los momentos “tranquilos” como en los de acción, es bastante decepcionante, lejos de la bestial Rambo 4 (también conocida como John Rambo) o la correcta Rocky VI (también conocida como Rocky Balboa), con movimientos bruscos realizados continuamente que no dejan ver cómo se desarrolla la pelea o la persecución de turno. En este aspecto, todas las escenas son de auténtica locura.

De todas formas, y pese a estos asuntos, la gran parte final de la película deja claro lo que se está viendo y aquí Stallone sí que cumple con creces lo prometido. Esto, la famosa (y corta) escena compartida entre Bruce Willis, Schwarzenegger y Stallone (que a pesar de, en mi opinión, estar mal rodada, es realmente divertida), y una mente abierta sobre el porqué de esta película, pueden hacer pasar al espectador hambriento de palomitas y cine veraniego un rato entretenido.


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