El mejor cine... en los estudios de animación


Hace tiempo que la animación dejó de ser un juego de niños. Me atrevería a decir que la mayoría de los niños no entiende la alta animación actual, y que estas películas guardan en sus píxeles y trazos más cinematografía que el resto de cartelera junta. Y es que, al menos este año, nos encontramos con tres cintas que compiten en la Meca del Cine con un principio inusualmente clásico: cuentan buenas historias desde el corazón. Hablemos un poco de ellas antes de decidirnos por algo (por poco que haya que decidir).

Cómo entrenar a tu dragón

La propuesta de Dreamworks ha podido pasar sin hacer demasiado ruido entre tanta animación justita. Fue la segunda película que vi en 3D, y al menos aquí valió la pena. La historia es simplísima: dos criaturas de dos mundos distintos entran en contacto, nace la amistad (¿Peter Pan?¿Avatar?¿Robinson Crusoe?) y mediante ayuda mutua saborean las mieles del éxito. En realidad se trata de más de lo mismo, pero un paso más allá. La animación es brillante y el diseño de escenarios, ambicioso, creativo e invita a la aventura (atentos a todas las escenas de vuelo). Es fácil empatizar con el pequeño vikingo protagonista desde el comienzo y responder a su empeño por hacer del dragón perdido una criatura dócil. Naturalmente, el resto de personajes apoyan la función proveyendo comedia, aventura o drama en la medida justa, sobre todo en drama. Sin duda, una buena película que gana enteros con un desenlace sorprendente. Parece que más de uno ha caído en el filón que supone y se prepara, además de la segunda parte prevista para 2013, una serie de televisión a partir de la película y sus personajes protagonistas. En cierto modo, Cómo entrenar a tu dragón ya ha ganado.





Toy Story 3: La ganadora

Sin lugar a dudas, la mejor película de 2010. Nadie duda de sus méritos ni de su ternura, técnica... y es que esta película ha crecido junto a nosotros. El problema es que Andy también lo ha hecho. Por si fuera poco, como reto adicional contaba con cerrar la trilogía más popular de la animación y estar a la altura de obras maestras como Up o Wall·E. Recordemos que la primera parte de Toy Story , una precursora en todos los sentidos, era prácticamente comedia y aventuras (salvo el delicioso vecino gótico y su cámara de los horrores), y que en la segunda ahondaron en la madurez, tristeza y miedo de sus protagonistas, lo que la hacía mejor. Toy Story 3 supera a sus hermanas en todos los sentidos: técnico, narrativo y emocional. Ahora que Andy ha crecido, sus juguetes adoptan el rol del padre que ve a sus polluelos saltar del nido. Pero el camino nos trae grandes descubrimientos: un villano que huele a fresas, el encuentro entre Barbie-Ken y toda una nueva galería de personajes inolvidables. Y la despedida. El camino por delante. La garganta dolida, las lágrimas, el cierre de un ciclo. Algo que la Academia debería tener MUY en cuenta (por algo ha sido también nominada en la categoría de Mejor Película, hito que protagonizó en su tiempo La bella y la bestia, por ejemplo). La despedida de Andy y sus juguetes ya forma parte de las secuencias más tristes de la Historia del Cine.




L’illussionniste

Una película en dos dimensiones, tradicional y francesa. ¿El patito feo de la categoría? Así es. Ya el año pasado sorprendió la inclusión de otra sorpresa europea como El secreto de los Kells, pero El ilusionista es cine d’auteur. De varios autores, para ser francos: a principios de los sesenta, Jacques Tati dejó a medias este guión sobre un mago clásico que se busca la vida por Europa con sus trucos sin demasiada fortuna. Afortunadamente, otro cineasta lo retomó hace unos años y recuperó la esencia del guión para acabar de darle vida a esta fábula preciosa sobre la magia y la amistad. Así, Sylvain Chomet nos ofreció esta cinta tal y como si se hubiera acabado hace cuarenta o cincuenta años. El ilusionista tiene de su lado la melancolía de otra época, otro tempo narrativo y la verdad del trazo artesanal. Eso, para qué negarlo, puede enternecer a los académicos. Además, la aparición de Alice, una niña inocente que acaba siendo partenaire del mago, aporta la ingenuidad necesaria: ¿quién creería en la magia sino un niño?

Probablemente no ganará, pero al menos esta nominación le hace justicia: puede que algún padre o algún niño decidan verla alguna vez, quién sabe, antes de que llegue el momento de partir a la universidad. Tal vez sea ésta la magia del cine, lograr que muñecos sin alma, colores, píxeles, dibujes y voces nos toquen la fibra.

Puede que sea cierto y el mejor cine se esté haciendo en los estudios de animación. Palabra de universitario.


Por José Alberto Arias (http://brianedwardhyde.blogspot.com/)







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