CRÍTICA: 'EXTRATERRESTRE'

Echarle amor a hacer el humor


Puede ser Extraterrestre una de las historias de amor más honestas que nos ha regalado el cine en mucho tiempo. Puede que se convierta en una de las películas más incomprendidas en mucho tiempo. Qué lástima.

De entrada, es una cinta de género, aunque una de esas de falso género: une dos premisas, una de ellas una invasión extraterrestre, la otra el despertar resacoso de una pareja de desconocidos. Cuando digo falso género, aludo a esa moda que se ha instaurado de un tiempo a esta parte de narrar historias de personajes, dramas personales, en contextos de ciencia-ficción que emplean el pretexto como catalizador de las emociones humanas (Another planet, Melancholia, Moon, la excelente 3 días). Sería Extraterrestre, pues, uno de esos episodios introspectivos de las series de género tipo Expediente X, Buffy Cazavampiros o Battlestar Galactica, donde los personajes recluidos en un espacio pequeño exploran sus sentimientos de la forma más pura. De este modo, Extraterrestre se acerca más a Moon que, por ejemplo, a Independence Day.

 El porqué de esto lo responde Nacho Vigalondo, el avispado responsable de la cinta, al tratar de centrar la narración de un acontecimiento histórico desde la perspectiva de unos secundarios rayano el patetismo. De este modo, encontramos a Julia (Michelle Jenner) y Julio (Julián Villagrán), quienes despiertan sin saber el uno del otro en medio de lo que parece toda una invasión alienígena. Además, no están solos. Un vecino voyeur enamorado de ella, el incontestable Carlos Areces (con una inabarcable gama de matices), el novio de Julia, desatado Raúl Cimas. Ya está servida la diversión. Equívocos, rectángulo sentimental, pues de un modo u otro todos desean al personaje interpretado por Jenner. Para demostrarlo y hacerse con ella, se sirven de la excusa que les brinda la aparente existencia de extraterrestres en el planeta con el único fin de conquistar a Julia por todos los medios.

Podría ser eso, y punto, pero Vigalondo conoce bien la escritura de guiones. Sus historias funcionan como relojes suizos a punto de saltar por los aires. Cada giro de guión efectivo, cada diálogo perfecto, cada elemento en pantalla que cobra significado y significancia en el conjunto... Extraterrestre parece un producto venido de otro mundo y escrito con los manuales de éste. Es importante para que la película funcione dar con el tono adecuado. En este caso, el guionista y director opta por la comedia romántica, un clásico desde el nacimiento del séptimo arte. Se sirve de situaciones de confusión, celos, separación, aproximación, slapstick, duelos de diálogos... para narrar lo que de verdad importa, la existencia de personas en busca de 'lo inasible'. Es muy divertida, por absurda, por patética, por sorprendente. Supone un gran acierto alejarse del drama, ya que además esta decisión dota de otro punto a favor para la película: su apariencia ligera, la misma que puede provocar rechazo o incomprensión, arrastra un poso oscuro y tierno que proporciona respuestas. Eso es, Extraterrestre es una película que aporta respuestas.

Todo esto, como digo, sería imposible sin la excelente labor actoral de su cuarteto principal. Tanto Jenner como Villagrán hacen un recorrido emocional imparable de principio a fin de la película. Ella como objeto de deseo; él como extraño tercer eslabón de la relación. Son naturales, son creíbles, los diálogos no suenan impostados en sus voces, sus gestos revelan amor, y no es amor de película, es amor de verdad, amor que traspasa la pantalla y provoca en el espectador deseo de que esa improvisada pareja termine junta. Eso, insisto, podría resultar aburrido sin más, pero los personajes toman decisiones descabelladas en función de la búsqueda de eso, amor verdadero. Y es en la representación de éste donde la película alcanza sus puntos álgidos: el sexo furtivo, las miradas cruzadas, el secreto compartido, las mentiras compartidas, el deseo, la provocación, la derrota asumible. Los cronocrímenes funcionaba también como un reloj suizo, pero no estaba viva. La vida de Extraterrestre reside en estos detalles. La música preciosa, los planos meditados, las reflexiones en voz alta de los personajes protagonistas... y es que la realización demuestra por qué Vigalondo ya trabaja en su tercer largometraje. El mundo del corto le ha dado alas y tablas, y debería ahora el del largo rendirse ante él. Dirige bien, muy bien, actores y espacio. Tiene sentido del ritmo y del espectáculo, no toma al público por idiota. No es el remedio del cine español, pero se le aproxima.

Extraterrestre es una película excelente, divertida, si bien peca de sibarita en según qué bromas demasiado focalizadas (toda la presencia de Miguel Noguera, sin ir más lejos), pero el director sabe utilizar sus recursos sabiamente y se mueve entre el thriller y el drama, entre la comedia y la catástrofe, entre el cine y el CINE.

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