Extra crítica: ‘El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace’ – El héroe tras la máscara


“¿De verdad tengo pinta de tener un plan? ¿Sabes qué soy? Soy un perro que corre detrás de los coches. ¡No sabría qué hacer si alcanzara uno! ¿Sabes? Actúo. Sin pensar. La mafia tiene planes. Los polis tienen planes. Gordon tiene planes. Ellos maquinan. Maquinan para controlar sus pequeños mundos. Yo no maquino. Intento enseñarles a los que maquinan lo patético que es que intenten controlarlo todo” (1). Así se autodefine el memorable villano el Joker en ‘El caballero oscuro’ (The Dark Knight, 2008), aún más inolvidable por la interpretación de Heath Lodger en la que fue su actuación íntegra póstuma antes de fallecer prematuramente, lo que le valió un plus de aura mítica.

El Joker era un ser, inteligentísimo, pero irracional por su ausencia de motivaciones e intereses al menos reconocibles. Sembrar el caos, el miedo y la anarquía por pura necesidad vital, sin más objetivo que… “¡el mundo ardiera!”, y dándole igual dar palos tanto a agentes de la ley y el orden como a mafiosos y delincuentes. En ‘El caballero oscuro: La leyenda renace’, el archienemigo de Batman es Bane (Tom Hardy), otro personaje dotado de una inteligencia especial, pero además de gran fuerza, ser violento y despiadado, también posee su lado tierno, por increíble que parezca, de la misma manera que lo son sus motivaciones. Bane sí tiene una, y responde en el fondo a una cuestión de cariño que no cabe desvelar para evitar destripes.

Y a diferencia del Joker, Bane también tiene un plan, o al menos algo muy parecido a ello: corromper primero las almas de los millones de ciudadanos de Gotham para después destruir sus cuerpos. Contundente, en una excusa argumental cuyo desarrollo conecta con la actualidad más “rabiosa”, la de la desalodara crisis económica que padece el mundo occidental desde 2008, poniendo en el punto de mira, en el centro de la ira de los ciudadanos a los poderosos, políticos, corruptos, banqueros, brókers o ricos que sólo piensan en su propio bienestar y no en repartir algo de sus riquezas con los menos afortunados (la gran mayoría) después de la crisis. Aunque seguramente para quitarle algo de hierro al asunto, el propio Nolan ha declarado haberse inspirado en nada menos que Dickens e ‘Historia de dos ciudades’, con la política del terror instaurada por Robespierre tras la Revolución francesa.

Naturalmente, los planes de Bane abonarán el terreno para hacer volver a su doble identidad como superhéroe a un retirado hombre murciélago, atormentado aún tanto por el asesinato de sus padres cuando era tan sólo un niño como por la igualmente temprana muerte de la mujer a la que amaba. Y le concederá, en el desarrollo de la trama, el punto épico necesario con su derrota y caída (la imagen de su máscara hecha pedazos por Bane es emblemática), arrojado literalmente a un pozo sin salida, para plantearse en este retiro (esta vez involuntario) la necesidad de tener miedo o no, y de sacar fuerzas de flaqueza para “resurgir” con más fuerza antes de su triunfo final.

El hombre y el símbolo

‘El caballero oscuro: La leyenda renace’ en el fondo acaba alineándose en el lado del orden y la justicia, pues, pese a sus errores y defectos (y ésta es una de las relevancias en la película del personaje del agente John Blake, que encarna Joseph Gordon Levitt, a parte de otra que intuirán los fans del hombre murciélago, y sólo revelada al final ), de momento, el ser humano no ha sido capaz de idear un sistema de convivencia más justo o mejor. Sin embargo, y pienso en ‘Memento’, ‘Insomnio’, ‘El truco final: El prestigio’, ‘Origen’ o la trilogía de Batman, el principal combate, el bien y el mal, el sufrimiento y verdadera cuestión se halla siempre en el interior de la mente o en la percepción de la realidad más que en cuestiones sociales, políticas o económicas coyunturales.

Y de la otra cara de la moneda que representaba el Joker para Batman , incluso el Harvey Dent convertido en “Dos caras”, obligando al superhéroe a enfrentarse con su reverso oscuro, pasamos aquí a otra hábil confrontación y analogía apuntada ya en ‘El caballero oscuro’, la de Batman con su “máscara” (“La máscara no es para protegerse uno mismo, sino a aquellos que amas”, expresa más o menos en uno de los momentos del film). La máscara es otra fachada, otro “yo” que ha debido crearse para separar a Bruce Wayne el hombre, de un ser “fantasioso” como Batman el poderoso justiciero de Gotham City que es alguien que será contemplado, tanto en su faceta de “héroe” o “villano” al fin y al cabo como un “monstruo”, un “bicho raro” por el resto de los humanos (del mismo modo que lo son los mutantes de ‘X-Men’ o Spider-man o…).

Por ello, precisamente en ‘El caballero oscuro’, Wayne/Batman ya se planteaba la necesidad de tener a héroes con rostro, como el politico Harvey Dent, en lugar de tener que ocultarse bajo una identidad secreta. Alguien más reconocible como propio, como “uno de los nuestros”. De ahí que ‘En el caballero oscuro: La leyenda renace’ el mismo Wayne, acorde con ese tratamiento realista, tenga incluso más escenas y protagonismo que el murciélago enmascarado. Wayne es el hombre, Batman el símbolo (“Batman podría ser cualquiera”, asegura Wayne a Blake). Poniendo en la picota nuevamente las ambigüedades y necesidades de todo superhéroe, sea enmascarado o dotado de poderes especiales.

Una brillante reimaginación del universo Batman

‘El caballero oscuro: La leyenda renace’ cuenta con una primera hora para ir situando a sus personajes (y especial atención merece la interpretación de Anne Hathaway como una pérfida, sibilina, ambigua, y aún así seductora y atractiva ladrona Selina Kyle, más conocida, aunque nunca se cite su alias en el film, como Catwoman); la segunda hora desarrolla su historia con la derrota y caída de Batman; y en su media hora final asistimos, al igual que en ‘Origen’ a un larguísimo clímax (sólo que ahí su clímax final duraba nada menos que… 1 hora) plagado de épica y acción. En fin, lo que muchos fans del superhéroe esperaban (y excelente es el enfrentamiento entre los ejércitos formados por los agentes de la ley de Gotham por un lado, y los malhechores y mercenarios de Bane, por el otro). 

Se cierra la trilogía, pero a la vez deja las puertas abiertas a más posibilidades.

Colaborando junto con su hermano Jonathan, al tratar el superhéroe de DC Comics y toda su extensa galería de excéntricos villanos y colega, creados por Bob Kane y Bill Finger y convenientemente “reimaginadas” por la genialidad de Frank Miller, sobre todo en ‘El regreso del señor de la noche’, ha conseguido que desde ‘Batman Begins’ (2004) y de su mano el universo Batman tenga en la gran pantalla unas historias, una narración, unos iconos y una imaginería tan valiosas como las plasmadas en los cómics. El tratamiento menos fantástico, y paródico de Batman en pro de una visión más realista (dentro de sus posibilidades), cercana al policiaco, a la intriga o al cine negro le ha sentado de maravilla. Y en este episodio final nos hallamos nuevamente ante una muy buena película. Un cierre casi perfecto para la trilogía, temas para el debate no le faltan, y que se disfruta muchísimo más teniendo en cuenta las dos anteriores. Por mi parte, puede considerarse como una de las mejores trilogías del cine.

En su viaje final con el justiciero de Gotham, Nolan no sólo ha aunado el contentar a la mayor parte de sus fans sino que además ha añadido carnaza para sus detractores, los que le tildan de irregular, abusar de trucos y artificios para hacer avanzar el guión o disponer sorpresas, de excesivamente solemne, ambicioso, cerebral o grandilocuente. Pero… a diferencia de los otros, de los mediocres, ha demostrado que anda sobrado de talento, genio y habilidad por lo que, como si fuera Kubrick, puede permitirse ser todo lo solemne, cerebral, metódico, irregular y grandilocuente que quiera.

(1) Traducción literal del doblaje español.















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